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Oda a la verga



vergazas
vergas oh vergas
vergas oh vergas oh
vergas oh vergas oh
vergas oh vergas oh
 vergas oh vergas
oh vergazas
oh vergazas
oh vergazas
oh vergazas
oh vergazas
oh vergazas
oh vergazas
oh vergazas
oh vergazas
oh vergazas
oh vergazas
vergas oh vergas oh
oh vergaza      oh vergaza
vergazas oh  oh  oh vergazas
oh vergas   oh   oh vergas
oh vergas  oh  oh vergas
(suspiro)

Jacko
Cali
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Al Maestro


Dime ¿en verdad quema?
Sí, sí quema

¿Y es verdad que en noches como esta no es posible dormir?
Sí, es verdad, y un cuervo se posa en tu ventana

Y dime, es cierto que el pensamiento se nubla y los sueños sólo él habita?
Sí, sí es verdad; y un despertar solo se parece al infierno

Pero dime, es verdad que, como dicen, la vista se pierde y por momentos el olfato sólo te guía, cuando la piel no es más que una hoja que espera ser regada?
Sí, no hay duda; y tu boca no ansía más que el néctar de unos labios.

Entonces, maestro, al amor no lo quiero conocer

Jacko

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Cuando tienes treinta y tres años


Cuando tienes treinta y tres años
Los chicos te empiezan a gustar más
Vienen con sus hortensias
        lentejuelas
                            girliciousamente frescas

Como peces, se resbalan entre tus dedos
Y una superficie de cristal
-el tiempo, le llaman-
Les hace ver los ojos más grandes

Cuando tienes treinta y tres años
Y los chicos te empiezan a gustar más
Aprendes
Por ejemplo
Que les han hecho creer que han nacido así
Error de estos tiempos aciagos
y un fatalismo festivo inunda sus vidas

Cuando tienes treinta y tres años
Y los chicos te empiezan a gustar más
desaprendes
por ejemplo
ciertas urgencias
y de repente una película es mejor que un polvo
y un polvo siempre es mejor que nada

Cuando tienes treinta y tres años
y el nuevo siglo está demodé
Los equívocos se cruzan
Madonna es Santa Tecla
Y tú blanco de alusiones cristianas

Cuando tienes treinta y tres años
Lo dice El Libro
Y el libro es Ley
Te resignas a sacrificarte

A dar la otra mejilla
A perdonar porque no saben lo que hacen
A prometer que estarán en el paraíso
A hacer de padre, a hacer de hijo
A hacer preguntas sin respuestas
A pedir, consumar y aceptar

A los chicos que empiezan a gustarte

Jacko



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Gabriel se ha dejado la barba

Gabriel se ha dejado la barba
Parece un niño con barba dice Fernando
Me gustan los niños con barba pienso
Me dejaré la barba
Seré como Gabriel con barba
y la barba me crecerá
y el bigote con la barba harán juego
y la barba de Gabriel se parecerá a la mía
y nuestras barbas podrán unirse
y ser una sola gran barba
Y nadie entenderá por qué me dejo la barba
A Gabriel también le pasó cuando se dejó la barba
que le preguntaran por qué se dejaba la barba
Davide tiene a Gabriel
Davide tiene a Gabriel y tiene barba
Somos como niños con barba
Barba barba barba barba barba
Peo llevar la barba no es un juego
Hoy me cortaré la barba
Hoy cortaré la barba de Gabriel de mi memoria
Tomaré entonces mi barba y mi cuchilla
y cortaré la barba de un solo tajo
Pero la barba sale a la mañana siguiente
Sale incluso esta noche la barba
Me raspo los dedos con la barba
mi barba y yo, solos en las sábanas

Jacko


"Neck", imagen tomada de http://erevank.blogspot.com 
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¿Dónde estabas el 11 de septiembre hace 9 años?

Foto de: Lyle Owerko–Gamma, tomada de www.nocaptionneeded.com

Mi amigo Carlos Andrés Cortés de La Espriella me ayudó a recordar cosas que ya había dado por olvidadas, tras invitar a sus contactos a compartir en una de sus actualizaciones de Facebook: “¿Dónde estabas este 11 de septiembre hace 9 años?"... Le respondí, pero me quedé corto:

Yo estaba ese año del terror en territorios del Imperio... En Sarasota (FL), la misma ciudad en la que sorprendió a Bush la noticia. ¿Recuerdan que
uno de sus guardias es quien le susurra al oído la noticia mientras está leyendo unos cuentos infantiles en una escuela primaria?... Pueden ver la tragicómica escena en el documental "Fahrenheit 911" de Michael Moore.

La escuela era la Emma E. Booker Elementary School, a 18 cuadras de donde yo vivía, en el condominio Pine Lake Terrace, ubicado en la Hidden Lake Boulevard. Yo dormía a esas horas de la mañana, después de una larga noche de trabajo, cuando Mike, mi pareja de entonces, me llamó al teléfono. Contesté y escuché sus gritos: "¡NOS ESTÁN INVADIENDO, NOS ESTÁN INVADIENDO!"; y yo creía que se trataba de los extraterrestres, y que a buena hora me había tocado a mí el momento del "Contacto" en tierras gringas. Ya iba hacia la ventana para avistar las naves nodrizas, a lo “V", cuando Mike me grita ¡No, anda al televisor!", y me cuelga, sumiéndome más en la intriga. Prendo el televisor y veo las imágenes que pasarán a la Historia como el primer atentado a USA en territorio continental. Y como todos, no puedo dar crédito a mis ojos.

Y ya no recuerdo si las imágenes que veía estaban sucediendo en el acto, o estaban siendo repetidas por las cadenas de televisión, porque para todos los que vivimos ese momento, las Torres Gemelas no paraban de caerse una y otra vez, en las pantallas, en nuestros ojos, en nuestras cabezas.

El día fue caótico, no se podía salir a las calles, nadie sabía dónde estaba Bush; la misma ciudad de Sarasota había estado dentro del target de los terroristas, debido a la visita del Presidente, y el Air Force One no tenía idea de a dónde aterrizar…

Y es que pocos sabían que la noche anterior Bush, instalado en el exclusivo Colony Beach Resort, ya había recibido amenazas, y que a la mañana siguiente hubo dos posibles intentos de asesinato, reportados luego por el Longboat Observer; sobre el exclusivo resort reposaron varios misiles a superficie, prestos para lo peor.

Los días siguientes fueron duros; la xenofobia se acrecentó; Jeff, un redneck que siempre pasaba por la tienda de Seven Eleven donde yo trabajaba como Sales Associate (el eufemístico nombre para los cajeros), se me acercó y me preguntó que de dónde era yo; le dije que de Colombia. Me respondió que "cool", que si le hubiera respondido que era de algún lugar de oriente medio ya me habría pegado dos tiros...

Un grupo de mexicanos, clientes habituales de la tienda y orgullosos de sus bigotes y barbas chicanas, aparecieron un buen día lampiños y sin sombreros. Habían recibido amenazas por el solo hecho de “parecer” árabes; el miedo, quizá olvidado de los desiertos y los coyotes, volvía a sus ojos.

Y mientras tanto, unos cuantos se llenaban los bolsillos sacando al mercado unas banderitas de la gloriosa “Star and Stripes” que todo mundo quería comprar para demostrar su patriotismo, y otros tantos veíamos cómo desaparecían las french fries para dar paso a las liberty fries...

El mundo estaba cambiando, o como le dictaron los expertos en “geopolítica”: un nuevo orden mundial había nacido.

De aquellos días recuerdo leer las columnas de opinión de los periódicos y las revistas, unas llamando a la Guerra Santa, exigiendo justicia divina; por supuesto, algunos autores echaron mano de lápiz y papel para enumerar las atrocidades del imperio norteamericano y sus sucesivas invasiones en nombre de la paz; aquellos miles de muertos del WTC eran poca cosa tras la afrenta sistemática del imperio sobre las “colonias”…

Y sin embargo, el dolor de un pueblo era genuino; quizá la que más me conmovió, sólo a pocos días, fue una de Jorge Ramos, no sé si en el Miami Herald o en otro diario; describía su visita a la “Zona Cero”, la “Ground Zero”; aparte de la espesa atmósfera gris decía no haber encontrado nada, no veía un zapato, un par de gafas, un reloj, no veía nada, todo era polvo… polvo… hasta que comprendió dónde estaban los muertos, los estaba aspirando, allí estaban entrando en su nariz sin poder hacer nada.

Algo había cambiado en la mentalidad de los norteamericanos, o al menos lo hizo durante unas semanas: padres que no habían visto a sus hijos en años, iban a visitarlos; hijos cruzaban de este a oeste para ver a sus seres queridos sin necesidad de haber llegado el Thanksgiving; la tasa de matrimonios aumentó… La gente recordó que todo lo que tenía por seguro, quizá ya no lo era tanto.

Pero mis esperanzas de que en efecto los “family values” estaban mostrando su mejor cara, se fueron disipando cuando Bush llamó a defender los valores occidentales, “saliendo de compras” en la temporada navideña…

Quizá un nuevo orden mundial no había nacido después de todo.

 
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